Cultivo de microalgas

Cómo se cultivan las microalgas

Las microalgas se cultivan en estanques abiertos (raceway) o en fotobiorreactores cerrados (tubular, panel plano, columna, vertical), controlando luz, CO₂, nutrientes, temperatura y pH para maximizar la producción de biomasa.

Principios del cultivo

Cultivar microalgas consiste en proporcionar y controlar los factores que necesitan para crecer: luz, dióxido de carbono (CO₂), agua, nutrientes (sobre todo nitrógeno y fósforo) y unas condiciones adecuadas de temperatura y pH. El objetivo es maximizar la productividad de biomasa por unidad de superficie y de tiempo.

Existen dos grandes familias de sistemas de cultivo: los sistemas abiertos (estanques) y los fotobiorreactores cerrados. La elección depende de la especie, del producto buscado y del coste asumible.

Sistemas abiertos (raceway)

Los estanques abiertos tipo raceway son canales poco profundos en forma de circuito, agitados por una rueda de paletas que mantiene las células en suspensión y homogeneiza la luz y los nutrientes. Son los más baratos y fáciles de escalar, por lo que dominan la producción comercial de especies robustas como Spirulina, Chlorella o Dunaliella.

Su contrapartida es un menor control: están expuestos a la contaminación por otros organismos, a la evaporación y a la variabilidad de la luz y la temperatura. Por eso suelen reservarse para especies que toleran condiciones extremas (por ejemplo, la Spirulina en aguas alcalinas).

Fotobiorreactores cerrados

Los fotobiorreactores (PBR) son sistemas cerrados que aíslan el cultivo del exterior, lo que permite mayor control, menos contaminación, mayores densidades celulares y una calidad de biomasa más reproducible. A cambio, su coste de inversión y operación es más alto.

Los principales tipos son: tubulares (tubos transparentes por los que circula el cultivo), de panel plano (placas finas que maximizan la superficie iluminada), de columna o burbujeo (columnas verticales aireadas) y verticales (que optimizan el uso del espacio y la captación de luz). Cada geometría busca un equilibrio entre superficie iluminada, mezcla, transferencia de gases y coste.

Iluminación

La luz es, en la mayoría de los casos, el factor limitante del cultivo. Puede ser natural (luz solar, gratuita pero variable) o artificial mediante LED, que permite controlar la intensidad y el espectro (la radiación fotosintéticamente activa o PAR, de 400 a 700 nm).

Tanto el exceso como el defecto de luz reducen la productividad: una intensidad demasiado alta puede provocar fotoinhibición, mientras que una iluminación insuficiente limita la fotosíntesis. El diseño del sistema busca repartir la luz de forma homogénea entre todas las células.

Nutrientes y CO₂

Las microalgas necesitan una fuente de carbono (habitualmente CO₂, que se suele inyectar para acelerar el crecimiento y mejorar la captura de carbono) y macronutrientes, principalmente nitrógeno y fósforo. También requieren micronutrientes como hierro, magnesio o oligoelementos.

El ajuste de la relación de nutrientes permite orientar la composición de la biomasa: por ejemplo, la limitación de nitrógeno favorece la acumulación de lípidos o de ciertos pigmentos.

Parámetros del agua

El cultivo se controla vigilando parámetros como el pH (cada especie tiene su rango óptimo: la Spirulina prospera en aguas alcalinas, mientras que Chlorella prefiere valores cercanos al neutro), la temperatura, la conductividad y el oxígeno disuelto.

Una acumulación excesiva de oxígeno, producto de la propia fotosíntesis, puede inhibir el crecimiento, por lo que su desgasificación es un aspecto clave del diseño, especialmente en fotobiorreactores cerrados.

Contaminación y control

Mantener un monocultivo es uno de los grandes retos, sobre todo en sistemas abiertos. Los cultivos pueden contaminarse con otras algas, protozoos, hongos o bacterias que compiten o depredan a la especie de interés.

Las estrategias de control incluyen el uso de condiciones selectivas (como el pH alto para la Spirulina), la monitorización microbiológica continua, una correcta gestión del inóculo y, cuando se necesita máxima pureza, el cultivo en fotobiorreactores cerrados.

Escalado: de laboratorio a industria

La producción parte del laboratorio (matraces y placas), donde se mantienen las cepas y se prepara el inóculo. A partir de ahí se escala de forma progresiva: cultivos de mayor volumen, planta piloto y, finalmente, producción industrial en estanques o fotobiorreactores de gran tamaño.

El gran desafío del escalado es conservar la productividad y la pureza del cultivo a medida que aumenta el volumen, manteniendo la luz, la mezcla, la transferencia de gases y el control de contaminación.

Preguntas frecuentes

El estanque abierto (raceway) es barato y fácil de escalar, pero ofrece menos control y más riesgo de contaminación. El fotobiorreactor es cerrado: más control, mayor densidad y pureza, pero más caro.

Luz, CO₂, agua, nutrientes (sobre todo nitrógeno y fósforo) y condiciones adecuadas de temperatura y pH.

Principalmente tubulares, de panel plano, de columna o burbujeo y verticales, cada uno con un equilibrio distinto entre superficie iluminada, mezcla y coste.

Porque puede contaminarse con otras algas, protozoos, hongos o bacterias; se controla con condiciones selectivas, monitorización y, si hace falta, sistemas cerrados.

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Divulgación científica basada en literatura especializada. Revisión científica: pendiente.

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